Recientemente, la firma Philippi Prietocarrizosa Ferrero Du & Uría (PPU) anunció la incorporación de Ana María Bernal Rueda como counsel de la firma en Bogotá, donde se integrará a las áreas de Bancario, Financiero y Mercado de Capitales.
Á. J.: ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la banca tradicional con el crecimiento de ‘fintechs’ en el mercado bancario y financiero?
Ana María Bernal Rueda: La banca tradicional cuenta con características muy importantes, tales como la confianza, la escala, la capacidad de fondeo y mucha experiencia en la gestión de los riesgos propios del sector financiero. No obstante, las fintechs han evidenciado que se puede reducir el Time to Market (TTM), que es un indicador clave de competitividad que mide el tiempo que toma una entidad financiera en desarrollar y lanzar al mercado nuevos productos o servicios.
Igualmente, las fintechs han mostrado que pueden ser muy ágiles y prestan servicios de manera sencilla y personalizada, centrada en la experiencia del usuario. Esto genera fidelización, así como un incremento en la bancarización del país, que ha sido muy evidente. Según el último reporte disponible de Inclusión Financiera de la Superintendencia Financiera y la Banca de las Oportunidades, a 2024 el 96 % de la población adulta en Colombia tenía acceso al menos a un producto de depósito, lo que pienso que en gran medida se debe a que contamos con uno de los ecosistemas fintech más dinámicos de América Latina.
El principal desafío, entonces, es para quienes funcionan bajo el modelo de banca universal, que hasta el momento es el dominante en Colombia y en América Latina. Aquí veo un reto para este segmento de la banca en materia de transformación, sin perder las fortalezas que le han permitido construir solidez durante décadas. Esto implica combinar sus grandes fortalezas con la innovación tecnológica, la personalización de los servicios, la atención al usuario, la reducción de costos y la agilidad.
También creo que veremos cada día más espacios de colaboración y alianzas entre bancos tradicionales y fintechs, pues pueden complementarse muy bien y lograr nuevos modelos de negocio, particularmente en temas como pagos y servicios financieros digitales, lo que se conoce como embedded finance o finanzas integradas, en donde ciertos servicios financieros se integran, por ejemplo, dentro de plataformas digitales que tradicionalmente no son financieras.
Finalmente, en materia regulatoria, el reto está en encontrar un equilibrio adecuado, permitiendo la innovación y la competencia, pero asegurando la protección del consumidor financiero, la apropiada gestión de los riesgos y la estabilidad financiera.
Á. J.: ¿Cómo le ha parecido la regulación sobre finanzas abiertas y cómo observa el camino que se está trazando en Colombia?
A. M. B. R.: Me parece que Colombia está avanzando en una dirección muy interesante en esta materia. En otras jurisdicciones hemos visto que las finanzas abiertas han generado un cambio relevante en el modelo competitivo tradicional del sistema financiero, al darle al consumidor financiero una mayor capacidad para decidir con quién comparte sus datos como insumo para recibir diversas ofertas de parte de competidores en el sector y así definir qué servicios quiere obtener.
El concepto de Open Banking que conocemos hoy nació entre 2016 y 2018 en el mercado financiero británico, en donde la Competition and Markets Authority (CMA) buscó reducir las barreras de entrada de nuevos competidores, ordenando a ciertas entidades bancarias que compartieran información de sus usuarios de manera segura. Posteriormente, este modelo migró al de Open Finance o finanzas abiertas, en donde se incluye la información referente a otros servicios y productos financieros del consumidor, tales como seguros, inversiones y pensiones, y ya no solo la referente a cuentas bancarias. En América Latina tenemos a Brasil como el referente más avanzado en la materia, quien bajo el liderazgo de su Banco Central inició con la regulación e implementación progresiva del proyecto entre 2019 y 2021, también empezando por el modelo de Open Banking y migrando posteriormente al de Open Finance.
Lo anterior evidencia que tanto el camino regulatorio como la implementación del modelo de arquitectura financiera abierta toman un tiempo y aquí estamos en eso. Colombia ya ha iniciado su proceso mediante la expedición de los decretos que crean el marco normativo para el acceso, uso y aprovechamiento de los datos financieros con autorización previa, expresa e informada del consumidor, así como los fundamentos del sistema de finanzas abiertas como tal. Así mismo, la Superintendencia Financiera también ha impartido reglamentación necesaria al respecto y seguramente la regulación seguirá evolucionando como lo ha venido haciendo, al ritmo que vayan avanzando la innovación tecnológica y los modelos de negocio.
Pienso que Colombia está en la etapa temprana de construcción de un modelo que puede ser muy positivo para el desarrollo del sistema financiero y que, eventualmente, habrá potencial para generar más competencia, mejores productos e inclusión financiera. Sin duda, uno de los mayores retos también está en la implementación, para lo que se deben garantizar los estándares necesarios en materia de interoperabilidad, seguridad, responsabilidad y protección de datos, entre otros.
Á. J.: ¿Cómo se encuentra hoy todo lo relacionado con ciberseguridad bancaria y financiera?
A. M. B. R.: La ciberseguridad se ha convertido en uno de los temas más relevantes para el sector financiero tanto en Colombia como a nivel mundial. Las entidades financieras realizan de manera constante inversiones muy importantes en este tema y la regulación, así como la supervisión son cada vez más robustas.
Sin embargo, la naturaleza del riesgo también ha evolucionado y es cada vez más sofisticado. Ya no se trata únicamente de ataques contra la infraestructura tecnológica de una entidad financiera, y vemos eventos de fraude digital, ataques a proveedores tecnológicos, robos de identidad y ataques fomentados por inteligencia artificial (IA), entre otros.
Por lo anterior se deben tener en cuenta todos los agentes que interactúan dentro del ecosistema financiero y considero que la ciberseguridad ya no es un asunto exclusivamente tecnológico. Hoy, involucra claramente los temas tecnológicos, de IA y de gestión de riesgos, pero también otras aristas tales como el gobierno corporativo y la protección del consumidor financiero y creo que ese cambio de perspectiva es fundamental para enfrentar los riesgos que vienen.
Á. J.: ¿De qué forma la IA podría incidir en el crecimiento de la banca y en el mejoramiento de sus procesos y servicios?
A. M. B. R.: Pienso que la IA puede tener un impacto transversal y muy relevante para el crecimiento de la industria financiera, al generarse eficiencias importantes en procesos y reducción de costos. En esta línea, veo oportunidades muy interesantes, por ejemplo, en los procesos de análisis de crédito, prevención y detección de fraudes, administración de riesgos y atención al cliente.
Más allá de eso, considero que la IA tiene un impacto enorme en una mejor utilización de la información disponible por parte de la banca, a fin de tomar decisiones en sus negocios y entender mejor las necesidades del consumidor financiero. Esto llevará a poder ofrecerle productos hechos a su medida, que atiendan sus características y necesidades, generando un sinfín de beneficios.
Á. J.: ¿Qué salud tiene hoy el mercado de capitales colombiano? ¿Tiene potencial o permanece estático?
A. M. B. R.: Yo diría que el mercado de capitales colombiano está en un proceso de transformación tras la fusión bursátil que resultó en NUAM y que tiene un gran potencial que todavía no hemos materializado. En Colombia tenemos una base relevante de inversionistas institucionales, empresas que necesitan financiación y un sinfín de proyectos de infraestructura y desarrollo que requieren capital de largo plazo, todo lo cual se puede configurar en los elementos fundamentales para lograr un mercado más profundo. El reto está, como siempre, en lograr una conexión más sólida entre el ahorro institucional y las necesidades de financiación de la economía.
Necesitamos más emisores (porque hoy tenemos una concentración principalmente en títulos de deuda soberana y emisores bancarios), más instrumentos, mayor liquidez y unas condiciones óptimas que nos permitan incrementar la cultura de inversión en bolsa y atraer una participación más relevante tanto de inversionistas locales como internacionales.
Diría que estamos en un momento en el que debemos aprovechar para dar un salto de sofisticación que nos lleve a esa profundidad tan anhelada; por ejemplo, creo que hay muchas oportunidades en materia de fondos de inversión (que vemos que crecen cada día más en Colombia) en renta fija, infraestructura, bonos temáticos, nuevos instrumentos, plataformas digitales y, por último, en materia de financiación verde o sostenible. Pienso que esta es una puerta que debemos acabar de abrir y que tiene un gran potencial de crecimiento.
Yo soy optimista y siempre le apostaré al desarrollo del mercado de capitales, que creo requiere de una visión de largo plazo y, sobre todo, un esfuerzo conjunto y coordinado entre reguladores y agentes del mercado.
Á. J.: ¿Qué desafíos representa para usted el nuevo cargo que asume en PPU?
A. M. B. R.: Asumo este nuevo cargo con mucha ilusión, pero también con un sentido muy claro de responsabilidad.
Mi reto principal es contribuir a que PPU siga consolidando la práctica de derecho bancario, financiero y de mercado de capitales de primer nivel en Colombia y en la región, acompañando a nuestros clientes no solamente en cuanto a la regulación existente, sino también de cara a las transformaciones que está experimentando la industria.
El sector financiero está atravesando una transformación maravillosa, que incluye varios de los temas que hemos hablado acá, como fintech, finanzas abiertas, IA, activos digitales, ciberseguridad, finanzas sostenibles, licenciamientos modulares, nuevos modelos de pagos y una oportunidad de evolución muy importante para el mercado de capitales. Todo esto exige que un abogado dedicado a asuntos del sector financiero entienda los negocios, se anticipe a los cambios regulatorios y tecnológicos y que sea capaz de acompañar al cliente en decisiones estratégicas.
Para mí, el desafío en PPU es precisamente ese, combinar una sólida experiencia regulatoria y transaccional con una visión de negocio, y hacerlo además desde una perspectiva regional, aprovechando la presencia de PPU en diversos países de Latinoamérica.
Ana María Bernal Rueda
Es abogada y especialista en Derecho Financiero y Mercado de Capitales de la Pontificia Universidad Javeriana. Cuenta con una maestría en Administración Pública de la Universidad de Harvard y una maestría en Derecho (LL.M.) de Cornell University. Es ‘counsel’ de Bancario, Financiero y Mercado de Capitales de PPU.